sábado, 4 de julio de 2009

El Lanín ¿Solo una montaña?


Este imponente volcán tiene 3.776 metros de altura sobre el nivel del mar. Allí, girando sobre el propio eje, se admiran los volcanes Llaima, Villarrica, Quetrupillán, Osorno y el cerro Tronador; también los lagos Tromen, Quillén, Huechulafquen y Paimún.
El Lanín esta rodeado de valles, lagos y montañas, este paisaje indescriptible causa que el actual "turismo aventura" invadira este area, que se ubica a 60 kilómetros de Junín de los Andes.
Si se quiere se puede planificar el ascenso a este volcán durmiente, claro esta siempre con un guía, con el estado física apropiado, mayor de 14 años y con el equipo necesario.
Y el Lanin no es solo paisaje también hay una leyenda sobre este:

Cuenta la leyenda que, hace muchos años, vivía en la cumbre del volcán el dios Pillán, divinidad del mal, aunque deidad justa y defensora de la naturaleza.

Un día, los jóvenes de la tribu Huaiquimil estaban persiguiendo huemules --animales de cuya carne se alimentaban y con cuya piel se abrigaban. Sin darse cuenta llegaron a una gran altura, a pesar de saber que Pillán los estaba vigilando. El dios, al ver que mataban los animales, se puso furioso, desató una gran tormenta y el volcán empezó a arrojar lava, humo, llamas y cenizas provocando terror en la población.

Consultaron al brujo de la tribu, quien se recluyó varios días en una cueva y regresó con la solución: para aplacar la ira de Pillán era necesario sacrificar a Huilefun, hija menor del cacique, bella y simpática criatura adorada por todos. Debían arrojar su cuerpo a la hoguera del volcán.

La princesa debería ser conducida por el joven más valiente de la tribu y le tocó a Quechuán, a quien el brujo le dio las indicaciones pertinentes. Quechuán cargó entonces con la muchacha, llevándola hasta el lugar de la montaña donde los vientos soplaban con mayor intensidad; y según las instrucciones la abandonó allí.

Enseguida un cóndor, de ojos refulgentes se acercó con su vuelo majestuoso, tomando a la joven entre sus garras, para elevarse y luego arrojarla al centro del mismo cráter.
De repente densos nubarrones ocultaron el cielo y una espesa nevada cubrió la hoguera.

Desde entonces, el Lanín yace callado, ocultando a la princesa y el fuego de sus entrañas. Y en el lugar está prohibido cazar huemules.

¿Atrayente, no?

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