domingo, 5 de julio de 2009

Valle de la Luna


En Cuyo las llaman Huayquerías. Pero la ciencia prefiere una etiqueta yanqui: Badlands (tierras malas), expresión heredada de los indios Dakotas. Contituyen una versión extrema del desierto: ambientes de suelo embrionario, casi desprovistos de vegetación, que el viento y las lluvias escasas modelan a voluntad. Se le llama el Valle de la Luna, pero no hay lugar en la tierra más parecido a Marte.
En las afueras de General Roca, en la provincia de Río Negro, se encuentra esta bellísima formación geológica que atrae a miles de visitantes en todas las épocas del año.
Para ser más exactos y llegar sin perderse: tomar desde el centro de la ciudad hasta la rotonda de Ruta 22 y Avenida Viterbori, de allí, por Ruta 22 hasta la rotonda de Paso Córdoba, que son unos 4 kilómetros, se sigue el camino por la Ruta Provincial Nº 6 hasta el puente Paso Códoba sobre el río Negro, unos 8 kilómetros más. Después de cruzar el puente continuar por la Ruta 6 unos 4 kilómetros hasta dar con dos pequeñas capillas de Ceferino Namuncuará y el Gauchito Gil, allí bajar de la cinta asfáltica, tomar un sendero de tierra hacia el río, y después de recorrer 1 kilómetro, doblar en el primer desvío a mano izquierda.
El Valle de la Luna fue declarada Área Natural Protegida en el año 1997, forma parte de la barda, y por la erosión de los siglos, el viento y la lluvia se convirtió en un sitio de singular aspecto. Desde allí la naturaleza tiene otro sentido, los paisajes se dibujan magníficos y la vista no alcanza a penetrar tanta belleza.
Está compuesto por rocas sedimentarias de diferentes eras (Mesozoico, cretácico (120 millones de años) y cenozoico, período terciario, 55 millones de años en adelante).
Prestando especial atención, y sin desviar la vista del suelo se pueden encontrar caracoles marinos, madera petrificada y muchas otras curiosidades que integran este maravilloso patrimonio.
Las águilas mora, los jotes y otras aves características suelen oficiar de guardianes, revoloteando graciosamente sobre estas tierras.
La flora es también muy interesante, a pesar de su aspecto desértico es muy variada: jarilla, alpataco, coirón, jume, uña de gato, zampa, colapiche, molle, cactus matacebo y muchas otras adornan el paisje.
Las características del terreno, tanto del Valle de la Luna como del resto de la zona de bardas, son propicias para la práctica de diversos deportes.
Cañadones de techo arenoso y pesado, pronunciados declives, cuestas pedregosas, filos, son un desafío para ciclistas, enduristas y quienes utilizan vehículos todo terreno. Resultan ya un ingrediente más del paisaje los parapentes multicolores que contonean la barda, haciendo gala de una absoluta libertad. Y también resulta muy atrayente para aquellos que practican escalada.

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