Es imposible entender Tierra del Fuego, la provincia mas joven de la Argentina, si no se la considera una tierra de extremos. Además de ser literalmente el fin del mundo, es un fin del mundo lejano no solo por la distancia sino por la escasa comunicación con el entorno circundante (aún hoy sólo se accede a la isla por agua o aire). También es extremo su clima. Al frío, justificable por su latitud, hay que sumarle las lluvias permanentes que riegan su costa sur y la escasa fuerza del sol tanto en invierno (en que brilla pocas horas) como en verano (cuando alumbra gran parte del día, pero no calienta).
Son esta característica la que hace de Tierra del Fuego hoy un lugar sin comparación en Argentina. Un lugar donde la diferencia de estilo de vida se percibe en cada esquina de Ushuaia, en las anchas calles de Río Grande o en las planicies del norte.
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