Este glaciar, juntoa otros del sur argentino y chileno conforman los Hilos Continentales(17.000 kilómetros de extensión), una de las reservas de agua potable más importante del mundo. Un halo de paz infinita, sobre la naturaleza virgen, lo convierte en un gran atractivo para quienes quieren disfrutar del aire puro y del sonido del silencio. Sonido que interrumpe sólo el movimiento del glaciar, que constantemente le regala al Lago Argentino inmensos bloques de hielo. Estos, al desprenderse del zócalo de ablación, caen en el Canal de los Témpanos, produciendo un estruendo profundo y estremecedor. La imponente masa de hielo interminable rodeada de bosques y montañas es un espectáculo que pocos se quieren perder. Incluso algunos también pueden difrutar de una minicaminata sobre el glaciar, algo que no olvidaran durante toda su vida.
El Lago Argentino es el más grande de su país y el tercero en Sudamérica. Tiene 1.560 km2. Tiene un cuerpo principal y algunas ramificaciones o brazos: Brazo Upsala, Brazo Norte, Brazo Rico y Brazo Sur. Los brazos Rico y Sur se unen con el espejo principal del lago a través del Canal de los Témpanos -que pasa frenta al glaciar Perito Moreno- desagotando allí sus aguas. Su profundidad varía entre 35 y 1000 metros. Sobre el litoral sur, y en el centro, en el frente de la Península Avellaneda es de 300 metros. El Lago Argentino da origen al río Santa Cruz que desagua en el Océano Atlántico. El color especial de sus aguas se debe a un fino producto de la unión de los glaciares, llamado leche glaciaria.
En relación con estas migraciones, la tradición patagónica conseva una leyenda. Se dice que, cierta vez, Koonex, la anciana curandera de una tribu de tehuelches, no podía caminar más; sus viejas y cansadas piernas estaban agotadas, pero la marcha no se podía detener. Entonces, Koonex comprendió la ley natural de cumplir con el destino. Las mujeres de la tribu confeccionaron un toldo con pieles de guanaco y juntaron abundante leña y alimentos para dejarle a la anciana curandera, despidiéndose de ella con el canto de la familia.
Koonex, de regreso a su casa, fijó sus cansados ojos a la distancia, hasta que la gente de su tribu se perdió tras el filo de una meseta. Ella quedaba sola para morir. Todos los seres vivientes se alejaban. Comenzó a sentir el silencio como un sopor pesado y envolvente.
El cielo multicolor se fue extinguiendo lentamente. Pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta la llegada de la primavera. Entonces nacieron los brotes, arribaron las golondrinas, los chorlos, los alegres chingolos, las charlatanas cotorras... Volvía la vida.
Sobre los cueros del toldo de Koonex, se posó una bandada de avecillas cantando alegremente.
| El calafate, arbusto típico del sur de la Patagonia. |
De repente, se escuchó la voz de la anciana curandera que, desde el interior del toldo, las reprendía por haberla dejado sola durante el largo y riguroso invierno.
Un chingolito, tras la sorpresa, le respondió: -"nos fuimos porque en otoño comienza a escasear el alimento, además durante el invierno no tenemos lugar en donde abrigarnos"."Los comprendo" -respondió Koonex- "por eso, a partir de hoy tendrán alimento en otoño y buen abrigo en invierno, ya nunca me quedaré sola".... y luego la anciana calló.
Cuando una ráfaga, de pronto, volteó los cueros del toldo, en lugar de Koonex se hallaba un hermoso arbusto espinoso, de perfumadas flores amarillas. Al promediar el verano las delicadas flores se hicieron fruto y antes del otoño comenzaron a madurar tomando un color azulmorado de exquisito sabor y alto valor alimentario.
Desde aquél día algunas aves no emigraron más y las que se habían marchado, al enterarse de la noticia, regresaron para probar el novedoso fruto del que quedaron prendados.

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